Pregón de la Semana Santa de Carmona en el año de 1977 pronunciado por D. José
María García Valverde
Texto publicado en el boletín de la Hermandad con fecha de Marzo de 1998
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Han sido ya muchos los hermanos de Nuestro Padre que han tenido el honor de
pronunciar el Pregón de nuestra Semana Santa a lo largo de su casi ya cincuenta
años de existencia. En el año 1977 ese honor cayó en nuestro hermano y
destacado cofrade D. José María García Valverde, quien sólo dos años más tarde
se convertiría en Hermano Mayor de nuestra Hermandad. Era el domingo de Pasión
de ese año y el teatro Cerezo, escenario felizmente recuperado para el Pregón,
aparecía repleto de carmonenses expectantes. El pregonero no los defraudó: fue
seguramente uno de los mejores pregones que jamás se hayan pronunciado y aún
hay quien de memoria es capaz de repetir algún fragmento.Así se refería el
pregonero a nuestra Hermandad, a su Hermandad:
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"El Viernes Santo es también día de contrastes: a la luz, la oscuridad, a la
alegría la tristeza; a la vida, la muerte. En estos contrastes están la clave
de la vida y del misterio sublime del Gólgota: Cristo muere para darnos la
vida.
Toda Carmona se repliega ante su Muerte redentora y sus calles, si poco antes
de la hora de la tarde invadidas por una muchedumbre vocinglera, informe y
multicolor, quedan desiertas y calladas. Allá, en los templos, sólo resuenan
las las lecturas y aquellos impropervios medievales, impregandos del más divino
de los reproches y de los sentiminentos, que todavía se cantan cuando el pueblo
se postra y adora la Santa Cruz, la cruz de la Salvación.
Y la noche del Viernes Santo, noche de silencio negro y morado, noche de dolor
y penitencia, la Semana Santa de Carmona llega a su cúspide y al cenit de su
máxima significación y a la indiscutible quintaesencia de su propio ser, cuando
sobre monte de lirios, morados y vivientes, entre cuatro llamas, solemne,
austero y silencioso aparece por la esquina Nuestro Padre Jesús Nazareno,
cargado con la cruz y escalando a duras penas las empinadas cuestas de Las
Peñuelas, hasta llegar a lo más alto del pueblo y descender y detener luego su
paso en la apretada angostura de la calle del Sol.
En el alma yo te siento,
mi dulce Jesús sufrido,
agobiado y malherido
con la cruz de tu tormento.
Te llevo en mi corazón,
entre llamas, encendido
por tu mirada, Señor;
hasta pierdo la razón
en tu luz y amor herido.
Te llevo en mi pensamiento
cada día, cada hora,
sin que haya otro momento
en que olvides el sentimiento
del dolor con que te doblas.
¡Enmudece pueblo mío,
déjame escuchar su aliento
pon amoroso silencio
en su hombro dolorido!
Y siguiendo las huellas lastimadas de Nuestro Padre, la Santa noche del Viernes
se cierra con la visión encendida de la Viergen de los Dolores de San
Bartolomé, afligida y enlutada, puesta su mirada en el Cielo y engarzada en la
joya clásica y única de su paso de palio.
Miradla.
Es la Viergen Dolorosa,
de fragantes azucenas,
de azahares y rosas,
de belleza primorosa
en la gloria de su pena,
Es la Virgen nazarena,
relicario de Dolores,
de amor y gracia llena,
injertada y prisionera
del aroma de sus flores.
¡Ay, Madre del alma mía!
en mi fe y amor yo quiero
llegue el canto de mis rimas
hasta el paso de tu Cielo,
y baja tus ojos bellos,
dando tu aliento y tu vida,
a este pobre pregonero.""
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José María García Valverde.
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Hermandad de
Nuestro Padre Jesús Nazareno
Iglesia de San Bartolomé
Carmona |
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