Pregón de la Semana Santa de Carmona en el año de 1996 pronunciado por D.
Guillermo Casimiro Rodríguez Jiménez.
Texto publicado en el boletín de la Hermandad con fecha de Marzo de 2004
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En 1996 pronunció su pregón de la Semana Santa el destacado cofrade de la
Hermandad de la Amargura D. Guillermo Casimiro Rodríguez Jiménez. Fue el
Domingo de Pasión 24 de marzo en el Teatro Cerezo, y así se refería a nuestra
hermandad:
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" La sentencia de Pilatos se confirma aunque se lave las manos, nuestro Señor
Jesucristo va a ser crucificado, le llevaron al Gólgota o lugar de calaveras,
requirieron a un hombre de Cirene: Simón, para llevar la cruz.
Acompañadme a eso de las nueve de la noche del Viernes Santo, puerta de San
Felipe, lugar de mis principales miradas de admiración y rezos hacia Ti.
El bullicio de las gentes que se aprietan buscando un sitio en la calle, la
conversación animada, el comentario alegre y festivo, expresión de nuestro
contento. En la puerta del templo mi Junta de Gobierno, el secretario porta el
estandarte y una mujer con rosas y claveles blancos en las manos.
De pronto, algo más d elas nueve, un silencio profundo, los presentes caemos en
éxtasis de amor, su alma se hace ojos, por la calle de San Felipe aparece
Nuestro Padre Jesús Nazareno.
Sólo el escalofrío de la emoción da un contenido humano y patético a esa
multitud que admira al paso del Redentor en ese supremo pasaje de la Pasión en
el que Cristo se abraza con su cruz.
Sólo un lamento es capaz de romper ese silencio inmenso: es un ¡ay! Prolongado,
inacabable y formidable, es el grito del alma hecha oración en la saeta.
Silencio del pueblo en el silencio de Cristo, fusión de dos amores
incontenibles. Es silencio lo que lleva en su corazón Nuestro Padre Jesús
Nazareno al tomar dulcemente su cruz y aceptar el suplicio sin una queja.
Silencio hondo, arrebatado,
anhelante.
Silencio denso y profundo,
impenetrable
Silencio frio y triste,
silencio expectante.
Silencio del silencio,
silencio enardecido, pavoroso,
impresionante de Carmona.
Silencio por Dios silencio,
Nuestro Padre Jesús Nazareno,
en silencio lo admiramos.
Camino del Calvario le seguía un agran muchedumbre que se herían y lamentaban
por Él, Jesús, volviéndose a las mujeres les dijo: Hijas de Jerusalén, no
lloréis por mí, llorad más bien por vosotras mismas y por vuestros hijos.
No sólo nos dan la vida, nos cuidan, son felices con nuestras alegrías y sufren
más que nadie por vuestros dolores.
Por eso la virgen María, espejo donde se mira el pueblo esperanzado de llegar a
Dios, no podía dejar de llorar con ese llanto resignado y apacible de las
Dolores de Carmona.
El camino del Cielo está abierto en tre los escollos y malezas del dolor y el
llanto. La Virgen Marís es la obra perfecta de la Redención de Cristo. Y en su
perfección antecede con su cruz al pueblo de Dios prerenigrante, como signo de
esperanza segura y de consuelo.
Todas con su personalidad y con su encanto, son la versión matizada de una
sola. El dolor, según Carmona, de la Madre de Dios, belleza de mujer, el
cofrade imagina la Virgen como es, la más hermosa entre las criaturas, con esa
exaltación sublime que da el dolor.(...)
Dolor del más exagerado silencio, María santísima de los Dolores, en San
Bartolomé recibes culto, y en Carmona en la noche del Viernes Santo, desde tu
exquisito paso con aromas de azahares, esperas para contemplar tu dolor inmenso
en el más significado silencio."
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Guillermo Casimiro Rodríguez Jiménez.
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Hermandad de
Nuestro Padre Jesús Nazareno
Iglesia de San Bartolomé
Carmona |
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